La mejor versión de ti misma

Nos conocimos en un mal momento para mí. Al cabo de un par de encuentros, se quedó con la impresión de que yo era una persona ansiosa, insegura, dependiente y orgullosa. Cuando comprendí que ya no había oportunidad para nosotros, lo lamenté mucho y me dije: "aun en las peores circunstancias, quiero ser la mejor versión de mí misma". Después de varios años, entiendo que esa no es una meta que se cumple allá afuera, en los escenarios profesionales o en la escala social. Se trata de un trabajo de todos los días que parte desde lo más básico: estar bien con uno mismo.

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Mantenerse en movimiento y tener una alimentación inteligente me parece fundamental. No me refiero a "dieta y ejercicio" al modo de las revistas donde pretenden que seamos Barbie Sport. Mi idea de la mejor versión no tiene que ver con llenar un modelo de mujer sino con ser justa, respetar y honrar el cuerpo que tengo, porque sin él no soy nada y si se enferma, no puedo disfrutar la vida. No lo llamo ejercicio porque siento que las repeticiones y los entrenamientos tienen la función de domesticarnos, prefiero pensar en el movimiento (llámese correr, bailar, hacer yoga o nadar) porque eso me revela lo que realmente me gusta, los que soy capaz de hacer y también los miedos o los obstáculos que puedo vencer. Eso se traduce en confianza en mí misma. Los beneficios a nivel físico son importantes, pero vienen como una consecuencia.

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Cuando hablo de alimentación inteligente no me refiero al gesto de contar calorías y obsesionarse con dietas para ser delgada. Es fácil decir "uno es lo que come", pero pocas personas se toman la molestia de averiguar si su alimentación, por más saludable que parezca, es una decisión o una imposición de estatus. Elegir lo que uno se mete a la boca no tiene que ver con el sentido común, sino con un aprendizaje personal y social. Después de muchos años de colitis y gastritis, entendí que la carne (res, pollo, cerdo) y los destilados no me hacían bien. Pero antes de entregarme al quirófano o a los medicamentos, decidí hacer una dieta de desintoxicación que me permitió diseñar mi propia dieta desde cero. Hoy sé qué alimentos son buenos para mí. Y también entiendo que lo que me hace bien a mí no es necesariamente bueno para otros. Tengo una amiga que por su historia, sus costumbres y su genética, necesita comer proteína animal y evitar los alimentos crudos, pero eso también le tomó muchos años de aprendizaje. Al conocimiento personal se suma el factor paisaje: tomar lo que ofrece la tierra en cada temporada, siempre será mejor que optar por la comida que sale de un mostrador de fast food. Alimentarse con inteligencia es, al menos para mí, un camino de autoconocimiento y respeto a uno mismo.

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Enseguida viene la satisfacción. Mucha gente pasa gran parte de su tiempo libre en actividades que, en el fondo, no le importan ni le aportan nada a su vida. Pienso en los programas de farándula, en la televisión sin contenido, en el chisme real o virtual a través de facebook. Y también en otras actividades compuslivas que llenan el vacío por un rato, pero que al terminarse sólo han hecho el hueco más profundo. En los últimos años han salido a la luz numerosos estudios sobre cómo estas actividades nos vuelven una sociedad infeliz, depresiva y manipulable. Me pregunto cuántas personas adictas a los programas de deportes o de cocina se atreven a pasar a la acción. Las actividades que se nos imponen desde el entretenimiento tienen la función de paralizar nuestra voluntad para evitar que nos hagamos la pregunta: ¿qué es lo que realmente quiero hacer, qué es eso que me dará una satisfacción verdadera? En la misma palabra está la clave satisfACCIÓN. Ser la mejor versión de uno mismo implica hacerse esa pregunta a diario, es un ejercicio de conciencia, implica visualizar, planificar y actuar. Si no, terminaremos por ser la mejor versión de lo que otros han imaginado que seamos.

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También he entendido que si uno emprende esta tarea no puede hacerlo solo. En grupo es más sencillo y la experiencia es más rica. Cuando uno toma las riendas de su vida se da cuenta que está rodeado de mucha gente que no necesariamente coincide con lo que uno quiere hacer. No se trata de juzgar a los otros sino de ser congruente, eso implica hacer grupo con aquellas personas con las que uno puede sacar lo mejor de sí. Recuerdo que en el trabajo no acostumbrábamos separar la basura. Aunque sabíamos que era necesario, nadie lo proponía porque pensábamos que los demás no iban a querer hacerlo. Un día una compañera lo propuso, nos organizamos y la cosa funcionó. Lo mismo me pasó con los hábitos alimenticios y también en lo profesional. Decidirse a ser la mejor versión de uno mismo también es decidir de quién rodearse; la pertenencia, la contención del grupo y el intercambio de ideas nos hacen más fuertes, nos dan confianza y nos ayudan a avanzar por el camino que hemos elegido.

No pretendo que estas actitudes y hábitos sean leyes universales, pero creo que pueden ser de gran ayuda para no extraviarnos en el camino. Y también para no perder a las personas que realmente nos importan.

¿Cuál es tu recomendación para ser la mejor versión de ti mism@?

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